Volver a correr en casa: Portillo, 10 kilómetros, una cuesta eterna… y un Chocosegmento sorpresa
Correr en tu pueblo siempre es distinto. Da igual las veces que hayas pasado por esas calles o cuántos entrenamientos acumules en las piernas: el día de la carrera todo se vive con otra intensidad. En octubre me tocó comprobarlo en Portillo, en una prueba que ya es un clásico local y que mezcla lo mejor de dos mundos: trail y cross urbano, con identidad propia y sabor a casa.

Una carrera corta, pero muy seria
El recorrido no engaña a nadie.
Son algo más de 10 kilómetros, con unos 500 metros de desnivel positivo, concentrados en un trazado que no da tregua. No es un trail largo, pero tampoco una carrera rápida al uso. Aquí se corre fuerte… y se sufre.

El punto clave del recorrido es, sin duda, la mítica cuesta empedrada, una subida que en Portillo todo el mundo conoce y respeta. No se sube una, sino dos veces, y cada paso por ella es un gentío animando a los corredores a no parar.
El Chocosegmento: cuando la carrera te saca una sonrisa
Además de competir, ese día tenía preparada una pequeña sorpresa.
En una parte concreta del recorrido decidí crear un segmento cronometrado muy especial: el Chocosegmento.
Nadie sabía nada. No estaba anunciado ni en el briefing ni en el reglamento. Simplemente, al llegar a ese punto del recorrido, los corredores se encontraban con el cartel de inicio del Chocosegmento. Y ahí pasaba algo curioso:
caras de sorpresa, alguna risa nerviosa… y de repente, todo el mundo apretando.
La idea era sencilla: añadir un pequeño juego dentro de la carrera, un punto extra de motivación para exprimir las piernas y, al mismo tiempo, sacar una sonrisa en pleno esfuerzo. Porque competir también va de eso: de disfrutar incluso cuando duele.

Competir en casa siempre suma… y aprieta
Correr en tu pueblo tiene dos caras.
Por un lado, el apoyo es constante: caras conocidas, ánimos sinceros, gente que te llama por tu nombre. Eso empuja.
Pero por otro, también hay una pequeña presión extra. Quieres hacerlo bien. No fallar. Dar la cara.
Desde el inicio la carrera fue exigente. Ritmo alto, pocos momentos para relajarse y constantes cambios de terreno. La segunda subida a la cuesta empedrada fue decisiva: ahí se marcó de verdad quién tenía fuerzas para seguir peleando.

Un segundo puesto que sabe a victoria
Al final, las cosas salieron muy bien.
Crucé la meta en segunda posición de la general, un resultado que me dejó más que satisfecho en una carrera tan explosiva y competida. Pero además, ese puesto vino acompañado de un premio especial: primer corredor local.
Ganar en casa —o, en este caso, subir al podio en casa— siempre tiene un valor distinto. No es solo un resultado. Es una forma de cerrar el círculo: entrenar durante meses, competir fuerte y hacerlo delante de los tuyos.

Carreras así, las que dejan huella
No todas las carreras necesitan grandes distancias o paisajes espectaculares para ser memorables. Algunas se recuerdan por lo que representan.
Esta prueba en Portillo es una de ellas: corta, dura, intensa y con identidad propia. Y este año, además, con un Chocosegmento inesperado que convirtió un tramo del recorrido en un pequeño reto extra.
Octubre, buen momento de forma, un recorrido sin concesiones y un resultado que refuerza el camino hacia objetivos mayores. A veces, las mejores carreras no están lejos, sino justo donde todo empezó.

