Tierra Estella Epic: esta vez el objetivo era disfrutarla juntos
Hay carreras a las que uno va con la intención de darlo todo. De mirar el reloj, de intentar mejorar el tiempo del año anterior, de apretar en cada subida y de llegar a meta sabiendo que no había quedado ni una gota de energía dentro.
Luego hay días en los que decides que no. Que esta vez toca disfrutar.
Eso es precisamente lo que hicimos en la Tierra Estella Epic 2026.
Después de haberme metido entre pecho y espalda mi particular duatlón del Pulmón de Acero, llegaba a esta carrera físicamente bastante bien. Pero el planteamiento iba a ser muy diferente al de otras ocasiones.
Esta vez no iba solo ya que viajé hasta Estella acompañado por tres compañeros de mi grupo de MTB, los chicos del 47 Team, y entre los cuatro tomamos una decisión antes de empezar: disputaríamos juntos el recorrido corto.
Y digo «corto» entre comillas porque de corto tiene más bien poco.

57 kilómetros que no son precisamente un paseo
La décima edición de la Tierra Estella Epic volvía a celebrarse en Ayegui, Navarra, con sus dos habituales recorridos: el Bike Marathon, de 87kilómetros y casi 2.900D+, y el Medio Fondo, nuestra elección, con 57kilómetros y 1.770D+.
Así que sí, elegimos la distancia corta. Pero cualquiera que vea esos números entenderá que aquello no era precisamente salir a dar una vuelta en bici. La diferencia estaba en el planteamiento. En lugar de afrontar la distancia Marathon con la exigencia de intentar sacar nuestro mejor rendimiento, decidimos hacer el Medio Fondo juntos, sin presión y disfrutando del recorrido.
Y esto, aunque pueda parecer una decisión sencilla, cambia completamente la manera de vivir una carrera.


En muchas carreras de MTB ocurre algo curioso:
Llegas con tus compañeros, preparáis juntos la prueba, habláis de hacerla en grupo… Y en cuanto dan la salida, cada uno hace la guerra por su cuenta. Uno aprieta en la primera subida, otro intenta seguirle, otro se queda atrás, otro decide que va a intentar mejorar su tiempo del año anterior…
Esta vez no. Los cuatro salimos con una idea muy clara: íbamos a hacer la Tierra Estella Epic juntos.
No importaba quién subiera un poco más rápido. No importaba quién bajara mejor. No importaba cuánto habíamos tardado otros años. Y mucho menos importaba llegar a meta cinco minutos antes que nuestro compañero.
Queríamos disfrutar del recorrido y, sobre todo, disfrutarlo juntos. Y creo que eso hizo que la carrera fuese todavía más especial.


Tierra Estella Epic en estado puro
Si hay algo que caracteriza a esta prueba es su recorrido. La Tierra Estella Epic no necesita grandes puertos ni bajadas interminables para convertirse en una carrera exigente. Su personalidad está precisamente en esa sucesión de pequeños retos, subidas cortas y exigentes y, sobre todo, una enorme cantidad de senderos y singletracks. La propia organización define esta peculiaridad como una de las principales señas de identidad de la prueba.
Y ahí es donde nosotros empezamos a disfrutar de verdad. Porque si hubo algo que quedó bastante claro durante el recorrido es que las subidas no eran nuestro fuerte.
En cuanto aparecía una subida, las cuatro bicis parecían perder unos cuantos watios, pero llegaba un sendero rápido… y aquello ya era otra historia.
En las zonas rápidas y en las bajadas nos encontrábamos mucho más cómodos. Ahí sí que aparecían las sonrisas, las trazadas, los piques sanos y esas sensaciones que hacen que uno recuerde por qué le gusta tanto el MTB.
Y Tierra Estella tiene mucho de eso.

Una Tierra Estella más seca que nunca
En algunos senderos incluso se levantaba una cantidad considerable de polvillo al paso de las bicicletas, hasta el punto de que en determinados momentos había que tener un poco más de cuidado con la visibilidad y con la trazada. Pero ni siquiera eso consiguió quitarle encanto al recorrido.

Una carrera que cada año engancha a más bikers
La organización volvió a estar a la altura de lo que uno espera de una prueba que no deja de crecer.
Y hay un detalle que me llama especialmente la atención de Tierra Estella Epic: la cantidad de participantes que repiten.
Hay bikers que vuelven año tras año, que conocen los senderos, que recuerdan sus tiempos y que llevan con orgullo el número de veces que han conseguido cruzar la línea de meta. Eso dice mucho de una carrera.
Porque conseguir que alguien participe una vez puede depender de muchas cosas. Conseguir que vuelva al año siguiente ya es más complicado. Pero conseguir que vuelva durante años y que termine sintiendo que forma parte de la propia historia de la prueba significa que algo se está haciendo bien. Y la Tierra Estella Epic ya tiene esa identidad.

